Entre "ahorita" y "luego", sin darnos cuenta, nos quedamos.
Aquí están los lugares que nos enseñaron a mirarnos de una manera diferente, los viajes que traspasaron mapas y cruzaron océanos, las ciudades donde aprendimos a querernos un poco más… Están los sabores que compartimos, las costumbres que no han dejado de sorprendernos y las pequeñas celebraciones que hacemos porque sí. Están las palabras escritas a mano, las historias que hemos leído juntas y las películas vistas desde el sofá de casa. Están los desayunos especiales y las comidas que siempre reconfortan. Todo eso que parece cotidiano, pero que, cuando se comparte, termina creando un hogar.
Nuestro cielo y nuestras flores.